Hoy, entre ilustraciones a medio terminar,
música en otro idioma
y pequeños témpanos de hielo anidando
en las puntas de mis dedos,
me he parado a pensar.
No es muy común en mí imaginar el futuro,
pero hoy me ha venido a la cabeza una pregunta que no me abandona.
¿Qué pasará el día que vuelva a verte?
Que vuelva a distinguir
tu cabello moreno,
tu cara redondita
y tus gafas negras
entre una pequeña multitud.
Como cuando las veces en las que llegué
perdida como otras muchas,
y levantaste la cabeza para mirarme
desde el banco donde solías sentarte.
Como todos los días en los que,
sin razón,
iba a abrazarte tan fuerte
que creí te romperías,
y te prometía que te querría para siempre.
Y no es que fuera mentira.
Te quise nuestro siempre,
que tal vez pudo ser menos del que pensamos todas.
Te quise todas las risas, las bromas, las tristezas,
todos tus mosqueos, tu estrés por no llegar.
Te quise todos tus abrazos, todo tu cariño.
Te quise incluso
cuando ya no sabía si me querías más.
Tuvimos un para siempre,
aunque fuera uno un tanto peculiar.
Un tanto efímero,
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