viernes, 30 de agosto de 2013

Despedidas.

Cuando empezamos el instituto, con once añitos nada más, conocemos a gente. Personas. Amigos. No de esos amigos que se olvidan de ti en verano, ni los que desaparecen como si no hubieran existido nunca. No. Son de esos amigos que lo pasan contigo, lo viven y lo disfrutan a tu lado. Pasan contigo los veranos, y además,  las navidades, las primaveras, los otoños, los exámenes, las desgracias, las alegrías, etc. Crecen contigo. Y aunque parezca que no, cuando crecemos al lado de una persona, obtenemos de ella detalles impensables. Un poco del carácter por allí, un poco de filosofía por aquí... Un poco de amor. Un poco de amistad. Porque la verdad es que el amor es amistad, respeto y admiración. Y yo siento eso por mis amigos. Piensas que no se van a ir nunca y ¡TOMA UNA HOSTIA! Seis años que han pasado volando. Sobre todo, los dos últimos. En estos dos últimos años he conocido a personas como no había conocido en cuatro. He encontrado una conexión con una persona en concreto. Y he aprendido muchas cosas.
Dejamos las cosas para otro día, dejando que pase el tiempo, pensando, creyendo o deseando que hay más tiempo. ¡Tenemos todo el verano por delante!, decíamos. Ahora: ¡qué verano tan corto! Por alguna cruel casualidad de la vida, las personas deben separarse. Pero por mucho que nos separemos, siempre tendremos algo en común, aunque sea en el recuerdo: una amistad que puede que no dure para siempre, pero que existió. Y eso, ni la distancia, ni cualquier giro del universo podrá arrebatárnoslo jamás.
Ojalá que vuestros sueños, aspiraciones y deseos en la vida salgan bien y que seáis lo más felices que podaís.
Y como dice gente,  cuyo nombre no puedo rescordar:
NO ES UN ADIÓS, ES UN HASTA PRONTO.

No hay comentarios:

Publicar un comentario