Cuanto más
mayor te haces, más situaciones sufres.
Pueden ser
agradables, a la par que desagradables.
Puedes
sufrir abandono, la pérdida de un ser querido.
Puedes
sentir que nadie te quiere, incluso tú mismo.
Puedes ver
cómo pasan los años, cómo pasa el mundo,
y sin
embargo tú sigues estancado en el mismo pozo al cual llamas vida.
Todos
tenemos familia.
Bien sea por
conexión sanguínea o por conexión espiritual.
Todos la
tenemos.
Cuando no
están, cuando se alejan,
nos preguntamos
qué pudo haber pasado.
¿Qué hemos
hecho mal?
Un día son
todo sonrisas y esperanzas,
y al otro,
todo culpa y desasosiego.
Cuando
alguien de tu familia te rechaza,
o al menos
expresa su rechazo,
sientes como
un pedazo de ti se rompe.
No es
comparable, en cambio,
con cuando
se rompe lo romántico,
pues esto,
deja marcas diferentes.
Pero
igualmente, son quemaduras, yagas.
Que duelen
hasta traspasar lo poco que queda de tu cordura.
Incluso, de
tu alma.
Cuando
estamos rotos cometemos actos
para muchos
de los cuales no existe explicación.
Al menos,
para la gente común de pensamiento.
Tratar de
explicarle a alguien el cual dos más dos
son
indiscutiblemente cuatro,
el sentido
de tus acciones
es como
tratar de gritarle
a una
persona cuyo sentido del oído es nulo.
Para una
mente menos plana,
tus fallos
son hazañas.
Tus fracasos
son logros.
Tus mentiras
son verdades.
No se puede
negar que la cordura
no está
garantizada tras esas consideradas estupideces.
Pero sí se
puede deducir
que por muy
crueles que parezcamos,
perseguimos
nuestra verdad.
Vamos tras
nuestro bienestar,
algo que no
nos haga sentir incómodos por dentro,
y que por
las noches no queme cual ácido en nuestro estómago.
Luego de
haber pasado por nuestros más oscuros miedos,
tras haber,
inexorablemente, chocado contra nuestra más gran negación,
llega la
culpa.
Con una
espada afilada y caliente.
Cuando entra
quema, corta y cauteriza.
Cuando sale,
desgarra y vacía.
Te deja en
el suelo,
como si
fueras un despojo,
llorando por
el dolor que atraviesa tu ser.
Lamentando
el daño que has hecho,
pues tu
momento de nula conciencia
no solo te
ha herido a ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario