Hoy me he dado cuenta de algo.
El tiempo, aunque no lo queramos,
siempre nos deja con los sentimientos
que de verdad nos pertenecen.
Como cuando hay una tormenta de arena,
y no puedes ver nada;
o percibes figuras borrosas e inestables,
sobre las cuales no existe certeza de existencia.
Luego de que la tormenta haya amainado,
en el momento en el que el polvo vuelve a su lugar,
vemos lo que de verdad estaba ahí,
y lo que solo era una fantasía.
Para algunos,
ese instante llega demasiado tarde.
Algunos han emprendido el camino
hacia una de las manchas indefinidas
que veía entre la arena.
Solo por miedo, de esperar en soledad.
Y nadie puede culparnos por tener miedo
y buscar no sentirnos solos.
Salvo nosotros mismos.
Hay veces en las que no es tarde,
incluso si ya hemos empezado a caminar
hacia algo inexistente.
Veces, en las que la verdad
está ahí para ti.
No importa cuanto tiempo pase,
ni cuantos caminos o errores
tengamos que recorrer.
Sé que estarás ahí cuando el polvo desaparezca,
cuando la tormenta pase.
Y yo, no voy a ningún lado sin ti.

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