miércoles, 28 de octubre de 2015

Same old love.

No sé con qué cara vengo a escribir esto.
Supongo que con la que tengo, con la que me queda.

Hace exactamente una semana llegamos a la conclusión de que no debíamos hablar más, que era mejor para ti no tener que estar soportando mis cambios de actitud hacia nosotras.
Y, hoy, siento que se me cae el mundo encima sin ti.
¿Qué clase de amor es ese?

Considero que ya no puedo sentir amor por nadie que no seas tú, e incluso eso empiezo a dudarlo.
Solo sé que te echo mucho de menos.
Que el jabón con el que me lavo las manos huele a tu pelo, y es como si estuviera pasando mi dedos por él, y su aroma queda impregnado en mis yemas.
Me recuerda a tiempos felices, pero ya ni eso puede consolarme porque te echo de menos a ti.

También sé que echar de menos no sirve de nada, que es un sentimiento sin sentido, una excusa barata cuyo mensaje esconde un pero.
Porque ahora todo está condicionado con peros.
Siguen los peros. Por todas partes.

Todo este tiempo que he estado sin ti, me engaño, pensando que lo que hago está bien, que me sienta bien. Y sí, es genial por un ratito, pero cuando llego a mi casa, a mi cama, con tus peluches, tus recuerdos, tus susurros, estancados en las esquinas de mi corazón, me ahogo.

Me ahogo y no lloro, ya no lloro.
Y odio el drama, lo odio cada minuto que pasa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario