jueves, 5 de noviembre de 2015

Se nos pasará la vida.

La escasez de la felicidad, es tan abundante que abruma encontrarla.
O eso es lo que la mayoría piensa, porque:
¿qué es la felicidad?

Nos pasamos la vida esperando por ella, pensando en que, 
cuando consigamos alcanzar cierta meta, 
por fin nos tocará, nos llegará la dulce golosina, el premio.

Pero resulta que la felicidad no llega, 
no es un concurso que hay que ganar.

No se encuentra en otras cosas, 
objetos materiales, ni en otras personas. 
Puedes encontrarla acompañado de esas personas,
pero nunca la encontrarás si no lo deseas,
si no aprecias las pequeñas oportunidades, 
que cada día se nos brindan para disfrutar.

Es posible sentir felicidad en momentos tan sencillos,
reírnos hasta que nos duela la barriga, del gluten o sencillamente de la risa.
Sentir ese pequeño regusto de alegría 
que se queda grabado en nuestro pecho, 
y respira el mismo aire que nosotros.

O esa sensación que empieza a surgir de nuestro corazón,
después de haberlo tenido apagado mucho tiempo.
Ese efímero y suave sentimiento 
que por mucho que lo creemos muerto y desahuciado,
ahí está.

Haciéndote sonreír, 
guardando barquitos de papel con fechas inscritas.  

La felicidad no tiene fecha de caducidad, ni doctrinas. 
Ella es libre, fluye por nuestras insignificantes existencias. 
Abrázala siempre que puedas, 
agradece su compañía mientras la tengas,
tal como la de tu madre. 

Porque no va a estar siempre ahí.




miércoles, 28 de octubre de 2015

Same old love.

No sé con qué cara vengo a escribir esto.
Supongo que con la que tengo, con la que me queda.

Hace exactamente una semana llegamos a la conclusión de que no debíamos hablar más, que era mejor para ti no tener que estar soportando mis cambios de actitud hacia nosotras.
Y, hoy, siento que se me cae el mundo encima sin ti.
¿Qué clase de amor es ese?

Considero que ya no puedo sentir amor por nadie que no seas tú, e incluso eso empiezo a dudarlo.
Solo sé que te echo mucho de menos.
Que el jabón con el que me lavo las manos huele a tu pelo, y es como si estuviera pasando mi dedos por él, y su aroma queda impregnado en mis yemas.
Me recuerda a tiempos felices, pero ya ni eso puede consolarme porque te echo de menos a ti.

También sé que echar de menos no sirve de nada, que es un sentimiento sin sentido, una excusa barata cuyo mensaje esconde un pero.
Porque ahora todo está condicionado con peros.
Siguen los peros. Por todas partes.

Todo este tiempo que he estado sin ti, me engaño, pensando que lo que hago está bien, que me sienta bien. Y sí, es genial por un ratito, pero cuando llego a mi casa, a mi cama, con tus peluches, tus recuerdos, tus susurros, estancados en las esquinas de mi corazón, me ahogo.

Me ahogo y no lloro, ya no lloro.
Y odio el drama, lo odio cada minuto que pasa.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Read me.

Hace unos días te escribí como me sentía.
Y tú has decidido, que lo mejor es borrar mi número y no responder.
Me han dicho que debo dejarte sola, no presionarte.
Y eso hago.
Escribo aquí porque es el único lugar que deja la puerta medio abierta,
una incógnita. Nunca sabré si lo leíste o no, pero al menos está escrito para todo Internet.

No estoy preparada para esto.
Dicen que tengo que ir pasito a pasito, intentando superarlo poco a poco.
Intentar seguir con mi vida, mirar hacia el futuro, hacia los planes que tengo.
Pero mi vida has sido tú desde hace mucho tiempo, y ahora no sé qué hacer con ella.
Me siento inútil y vacía, sin el propósito de intentar hacerte feliz.
Una cosa he aprendido de todo lo que he visto en cuanto a relaciones:
cuando hay una crisis, hay personas que tratan de arreglarlo con medidas drásticas.
Tales como casarse o tener hijos de repente.
He estado a punto de hacer una de esas locuras, para ver si con eso podía recuperarte.
Sin embargo, he caído en la cuenta de que eso no va a arreglar nada. Primero tenemos que arreglarnos nosotras.

No estoy preparada para meter tus cosas en una caja, ponerles dirección de envío y remitente, y devolverlas a quién un día me las prestó. A quién un día me las confió, pensando que nunca tendría que devolverlas.
Es lo único que me queda de ti. Lo único físico que tengo.
Tener esas cosas representa una última oportunidad de volver a verte.

No quiero decirte adiós.
No estoy preparada para que volvamos a ser dos desconocidas.

No quiero decir adiós.


Supongo que tendré que decir "hasta pronto".
Aunque incluso eso, duela.
Vuelve, por favor.

https://www.youtube.com/watch?v=EavqU-Ar2DQ


lunes, 14 de septiembre de 2015

Espero que sigas ahí.

Se acerca el otoño,
y se me caen las hojas.

Todo lo que me daba vida,
los frutos, las flores, el sol,
se ha escondido tras las nubes,
o han desaparecido bajo una capa
de sequedad caduca.

Dime por qué,
por qué tienen que secarse las hojas.

Septiembre es el mes
en el que más personas han nacido.
Sin embargo una parte de mí,
ha muerto.

Miro al cielo cuando atardece,
y huelo que se acerca el otoño.
Él, que es como un intermedio.

Aparece después del verano,
tras quemarnos todos los lunares,
solo para recordarnos,
que viene el frío.

Pero el frío no es frío,
sin ti.

Y el invierno llegará,
bien lo dicen por ahí.
Espero que cuando lo haga,
llegues tú aquí.


https://www.youtube.com/watch?v=EQVcJ1QNMqc




jueves, 10 de septiembre de 2015

A ti, que estás ahí.

Hoy me he dado cuenta de algo.
El tiempo, aunque no lo queramos,
siempre nos deja con los sentimientos
que de verdad nos pertenecen.

Como cuando hay una tormenta de arena,
y no puedes ver nada;
o percibes figuras borrosas e inestables,
sobre las cuales no existe certeza de existencia.

Luego de que la tormenta haya amainado,
en el momento en el que el polvo vuelve a su lugar,
vemos lo que de verdad estaba ahí,
y lo que solo era una fantasía.

Para algunos,
ese instante llega demasiado tarde.

Algunos han emprendido el camino
hacia una de las manchas indefinidas
que veía entre la arena.
Solo por miedo, de esperar en soledad.

Y nadie puede culparnos por tener miedo
y buscar no sentirnos solos.
Salvo nosotros mismos.

Hay veces en las que no es tarde,
incluso si ya hemos empezado a caminar
hacia algo inexistente.

Veces, en las que la verdad
está ahí para ti.
No importa cuanto tiempo pase,
ni cuantos caminos o errores
tengamos que recorrer.

Sé que estarás ahí cuando el polvo desaparezca,
cuando la tormenta pase.

Y yo, no voy a ningún lado sin ti.



domingo, 6 de septiembre de 2015

Sálvese quién pueda.

Te quiero, me mata estar sin ti, no concibo la vida si no estoy a tu lado... pero.
No sé cómo seguir adelante si por las noches no recibo un "te quiero" tuyo... pero.
Te debo mil cosas, te lo he dado todo, y adoraría volver a estar contigo... pero.

PERO.
El día que mis "te quiero" dejen de tener un "pero", ese día, sabré que todo ha cambiado.
Ese día sabré que, por fin, puedo volver a estar contigo.
Tal vez ese día no llegue, o tal vez sí.
Como tú misma me dijiste, el tiempo dirá.

Puede que me haya decepcionado a mí misma, pero también me he decepcionado contigo.
Con todo, a decir verdad.
No me puedo creer que esto nos haya pasado, y no me puedo creer que me hayas dado la espalda.
Como si todos los esfuerzos que hemos puesto todos estos años, no hubieran servido para nada.
Y tengo ganas de echarte mil cosas en cara.
Tengo ganas de decirte a la cara que te odio.
Odio sentir que yo lo di todo para estar a tu lado, que hice mi vida a tu alrededor, que estuve contigo cuando tú no querías saber nada del mundo, cuando no sabías lo que hacer con tu propia vida; estuve contigo cuando nadie más estuvo ahí, cuando te quedaste completamente sola por culpa de otras personas. Cuando te abandonaron, cuando te quisiste ir con otra persona que no era yo, cuando te fuiste. Cuando volviste.
Ahí estaba yo.
Y puedo decirte mil veces que no soy la novia perfecta, y que he cometido muchos errores.
Errores como, tal vez, ser demasiado celosa al principio, como desconfiar de mí, y de ti.
Errores como dejar de ser, de repente, todo eso.
Tal vez lo nuestro estaba destinado al final.
Mil acontecimientos nos han llevado a esto.
Sigo teniendo miedo de echarte las cosas en cara, pero supongo que ya es tarde para eso, ¿no?
Pero.

¿Ves? Siempre está el pero.
Pero no sé si podremos hacer como si nada de esto hubiera pasado.
No sé si podremos superarlo sin quemarnos la una a la otra, sin intentar escapar de nuestras culpas, recriminándonos cosas.

Aunque ahora no tiene sentido que piense en esas cosas,¿no es verdad?

Has decidido que nuestra historia, ya no tenga futuro.
No sé cómo puedo seguir aquí, planteándote mil historias, echándote mil cosas en cara, solo para que terminen olvidadas con las lágrimas que derramo.
Y las lágrimas que tú derramas.
No sé qué he podido hacer para estar así ahora mismo, sola.
Supongo que he aprendido que no se le puede entregar toda tu vida a una persona, porque al final te terminan dando la patada, no importa de quién haya sido la culpa.


domingo, 21 de junio de 2015

Me estoy enfermando.

Esta noche, tras un día que empezaba bien, pero se ha convertido en la peor basura de mi vida, he tenido ganas de vomitar. Hoy he visto tantas injusticias, y he hecho tan poco por remediarlas, que siento que no tengo derecho a lo más mínimo. He visto como maltrataban a un pobre animal, y me he quedado callada. He visto como me han faltado al respeto, y no he movido un dedo.
La culpa por no haber hecho nada, me está comiendo por dentro.
Tengo una pelota en la garganta, que es tan grande, que he estado a punto de llorar en la calle, e incluso he tenido el valor de arrodillarme frente al váter a vomitar. Pero no ha servido de nada. Porque solo tenía arcadas. No salía absolutamente nada de mi boca. Tal y como cuando vi todas esas injusticias. Nada.

Desde que volví de Alemania, no he probado la carne. No puedo. Tengo otro nudo en la garganta por eso. Recuerdo todos los sabores de la comida de allá y me dan más arcadas.
Hoy he comido pollo y, a partir de ahí, ha sido como un gran bucle de desasosiego, tristeza y malestar en general en mi cuerpo, que todo ha ido de mal en peor.

Recuerdo que la última vez que vomité, alguien me agarró, me llevó hasta el baño, aunque no sirviera de mucho, pues ya había manchado todo el camino. Y, a pesar de no ser los más íntimos amigos, me agarró el pelo y me tranquilizó mientras yo echaba el alcohol que mi cuerpo no pudo soportar. Lo mejor fue cuando limpió todo lo que yo había ensuciado, cuando era mi trabajo. Pero, incluso no haciendo aquello por mí, hizo más de lo que yo me merecía.

Esta noche, he ido a pedir ayuda, compañía, porque me da pánico vomitar sola, y he recibido lo mismo que di yo por esas injusticias. Absolutamente nada. Hay tanta nada en el día de hoy, que he quedado un poco reducida a ese vacío también.

El nudo en la garganta sigue ahí, no se ha marchado, y creo que piensa permanecer ahí por un tiempo.
Siento que me enfermaré como siga teniendo esto dentro.
La pega es que no sé como sacarlo.


martes, 19 de mayo de 2015

The blame game.

Todos los principios son finales disfrazados de oportunidades.
Pero los principios que no llegan a serlo, ¿son finales de qué?
Y, ¿si no hay final, se considera que hay oportunidad?
Me han dicho toda la vida que termine lo que empiezo.
Y nunca lo he cumplido.
¿Qué pretendes ser dejándolo todo a medias?
¿Qué pretendes ser si ni si quiera empiezas todo lo que te propones?
Me han seguido diciendo que lo termine, venga que solo te queda un pasito más.                              
Y es verdad.
Un pasito más para el cinturón negro, un pasito más para graduarme en arte.
Y lo dejo todo para seguir un camino incierto, lleno de invenciones que ni yo misma me trago.
Lo dejo todo para hacer lo que siempre creí querer, pero que en el fondo, sé que no quiero.
¿Qué será de mí el día que decida dar el paso?
¿Me quedaré tal cual estoy, o llegaré a convertirme en alguien?  
Supongo que eso lo descubriré en algún momento, cuando lo haya terminado.                                      
Porque sé que lo voy a terminar.      
Esa certeza me lleva persiguiendo todos los años que llevo intentando envitarla.
Pero solo un año más y adiós.          

Solo un año más.

martes, 5 de mayo de 2015

I put a spell on you.

"-¿Recuerdas cuando te dije que lo nuestro no sería para siempre?
¿Recuerdas mis palabras?

+Sí. Me dijiste que seguramente, en el transcurso de nuestras vidas, encontraría a alguien con quién tuviera más cosas en común, que me comprendiera como tú no lo haces. Y que, inexorablemente, me enamoraría de ella.

-Así fue. Inevitablemente, lo nuestro no será para siempre. Comprendí que podía estar sin ti, y tú comprendiste que no podías estar sin mí. Tras años de haber estado presionándote, ese verano sentí todo el daño que te hacía esperando de ti que fueras la novia perfecta. Que hicieras todo lo que yo quería pero sin tener que decirlo, sin tener que pedirlo.
Además pude entender que el amor no se basa solo en besos y abrazos. Que eso lo puede hacer cualquier otra persona. Vi que quién único quiero que me toque el alma, eres tú.

+Te dije que te habías vuelto fría. Que sabías que no me gustaba el agua tibia. Pero que el agua caliente quema, y el agua fría duele. Yo no quería que te volvieras fría, sino tibia. Eso era lo que yo necesitaba.

-Luego, fui a tu casa a proponerte que nos separáramos definitivamente.
Se me rompió el alma al verte llorar. Y sabía, que si dolía tantísimo, no podía ser bueno.
Yo te quiero a mi lado.
Gracias a todo eso, comprendí que quizá lo nuestro esté destinado al fracaso, pero tú siempre serás mi primera. Mi primera en todo.

+Seguimos juntas a pesar de todo...

-Después de eso, me curé de celos, e inseguridades.
Y ahora, hoy, después de casi cuatro años, he comprendido algo.
Tras nuestra última despedida, sentí cosas... Muy intensas.
No pensé que aún podíamos comportarnos como pequeñas amantes que se dicen hasta pronto.
Casi no pude dejarte ir.

+Yo no quería que lo hicieras. Quería que vinieras conmigo. Simplemente te quería a mi lado.

-Quiero decirte algo.
Algo importante, y necesito que me escuches muy bien.

+Dime...

-Quizá tengamos que separarnos, lo comprendo.
Pero deseo con toda mi vida que nunca lo hagamos.
Añoro tu presencia, necesito estar a tu lado.
No puedo evitarlo.
Deseo que nunca encuentres a alguien que te comprenda mejor que yo.
Deseo que nunca dejes de darte la vuelta mientras te despides de mí.
Deseo que nunca dejes de mirarme de arriba a abajo cuando yo me desnudo delante de ti.

+Eso ha sonado muy egoísta, amor.

-Lo sé. Y no me importa.

+¿Por qué?

-Porque te amo.

+Te amo."



martes, 28 de abril de 2015

Nous etês formidable.

Cuanto más mayor te haces, más situaciones sufres.
Pueden ser agradables, a la par que desagradables.
Puedes sufrir abandono, la pérdida de un ser querido.
Puedes sentir que nadie te quiere, incluso tú mismo.
Puedes ver cómo pasan los años, cómo pasa el mundo,
y sin embargo tú sigues estancado en el mismo pozo al cual llamas vida.

Todos tenemos familia.
Bien sea por conexión sanguínea o por conexión espiritual.
Todos la tenemos.

Cuando no están, cuando se alejan,
nos preguntamos qué pudo haber pasado.
¿Qué hemos hecho mal?
Un día son todo sonrisas y esperanzas,
y al otro, todo culpa y desasosiego.

Cuando alguien de tu familia te rechaza,
o al menos expresa su rechazo,
sientes como un pedazo de ti se rompe.

No es comparable, en cambio,
con cuando se rompe lo romántico,
pues esto, deja marcas diferentes.

Pero igualmente, son quemaduras, yagas.
Que duelen hasta traspasar lo poco que queda de tu cordura.
Incluso, de tu alma.

Cuando estamos rotos cometemos actos 
para muchos de los cuales no existe explicación.
Al menos, para la gente común de pensamiento.

Tratar de explicarle a alguien el cual dos más dos
son indiscutiblemente cuatro,
el sentido de tus acciones
es como tratar de gritarle
a una persona cuyo sentido del oído es nulo.

Para una mente menos plana,
tus fallos son hazañas.
Tus fracasos son logros.
Tus mentiras son verdades.
No se puede negar que la cordura
no está garantizada tras esas consideradas estupideces.
Pero sí se puede deducir
que por muy crueles que parezcamos,
perseguimos nuestra verdad.
Vamos tras nuestro bienestar,
algo que no nos haga sentir incómodos por dentro,
y que por las noches no queme cual ácido en nuestro estómago.

Luego de haber pasado por nuestros más oscuros miedos,
tras haber, inexorablemente, chocado contra nuestra más gran negación,
llega la culpa.

Con una espada afilada y caliente.
Cuando entra quema, corta y cauteriza.
Cuando sale, desgarra y vacía.

Te deja en el suelo,
como si fueras un despojo,
llorando por el dolor que atraviesa tu ser.
Lamentando el daño que has hecho,
pues tu momento de nula conciencia

no solo te ha herido a ti.